Los Rótulos son arte popular que las autoridades deberían proteger

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Al Parecer, La Actual Alcaldesa De Cuauhtémoc, Sandra Cuevas, Quiso Normalizar Lo Que Carece De Normalización: Los Puestos Callejeros., Los Rótulos, La Gráfica Popular Se Opone A La Limpieza Y Es Una Amenaza Para La Convivencia Armónica.
Al parecer, la actual alcaldesa de Cuauhtémoc, Sandra Cuevas, quiso normalizar lo que carece de normalización: los puestos callejeros., los rótulos, la gráfica popular se opone a la limpieza y es una amenaza para la convivencia armónica.

Al parecer, la actual alcaldesa de Cuauhtémoc, Sandra Cuevas, quiso normalizar lo que carece de normalización: los puestos callejeros., los rótulos, la gráfica popular se opone a la limpieza y es una amenaza para la convivencia armónica.

El pasado mes de abril, la alcaldía de Cuauhtémoc, en Ciudad de México, mandó borrar los carteles que decoraban los puestos callejeros. Los coloridos juegos ópticos, las variedades tipográficas y los fantasiosos retratos de pasteles, zumos y cócteles de frutas fueron cubiertos por el triste y gris escudo de la alcaldía.

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Fue una de las acciones de la Jornada Integral de Mejoramiento del Entorno Urbano, que entre sus objetivos contempló «que los comerciantes ambulantes mantengan siempre limpia su área de trabajo -frente, fondo y laterales- con un metro de distancia». La alcaldesa Sandra Cuevas dijo que con este programa «será posible convivir en paz y armonía entre todos», y que «la limpieza y belleza del ayuntamiento es tarea de todos». Al parecer, para esta administración, la gráfica popular se opone a la limpieza y es una amenaza para la convivencia armónica.

La tradición de este género de pintura promocional no sólo es parte esencial del espacio público de la Ciudad de México, sino que también es una parte importante de su cultura visual. Muchos la consideramos una expresión del arte popular que debe ser estudiada, protegida y documentada.

Una historia de malentendidos


Históricamente, los gobiernos municipales han tratado de controlar la imagen de las calles y plazas, casi siempre por razones arbitrarias, lo que ha llevado a una pérdida sistemática de oficios y expresiones artísticas.

A principios de los años 40, por ejemplo, el gobierno del entonces Distrito Federal prohibió los murales en las pulquerías. Preocupado por esta decisión, el arquitecto y pintor Juan O’Gorman escribió:

«En México, antes, todas las pulquerías estaban pintadas. Eran lugares donde los artistas populares mexicanos ejecutaban importantes obras de pintura mural. […] La nueva normativa oficial prohibió pintar el exterior de las pulquerías porque se suponía que afeaban la calle, una prohibición gubernamental que eliminó una de las expresiones más importantes del arte popular en México».

Acciones similares continuaron a lo largo del siglo XX. El regente Ernesto P. Uruchurtu detestaba los letreros de tubos de neón, pues los veía demasiado cercanos a los de burdeles y cantinas, que su moral desaprobaba. Al principio de su gobierno, en 1951, empezó a limitarlos y a denegar los permisos para nuevos diseños.

Posteriormente, en 1971, el gobierno de Octavio Sentíes Gómez estandarizó los rótulos de todos los comercios del Centro Histórico, atacando la diversidad cromática de marquesinas y escaparates; la medida ordenó sustituirlos por anuncios en blanco y negro, desplazando a los anteriores sin importar su antigüedad o calidad artística.

Adiós a los Rotulos


La actual alcaldesa de Cuauhtémoc, Sandra Cuevas, quiso normalizar lo que carece de normalización: los puestos callejeros.

A pesar de las molestias que causan, el obstáculo que representan en aceras y arroyos o el desorden con el que irrumpen en los barrios, los ciudadanos hemos aprendido a convivir con ellos. La venta ambulante, nos guste o no, forma parte de nuestra vida cotidiana. Incluso somos clientes habituales de determinados puestos, y establecemos relaciones con los comerciantes.

Los rótulos formaban parte de esta experiencia. Eran, en cierta medida, un puente que generaba empatía e incluso afecto. Hacían amable el espacio público y daban fe de un lenguaje visual alejado del diseño genérico que ha invadido los barrios gracias a la voraz gentrificación que a ninguna autoridad parece importarle. Curiosamente, los puestos pintados con logotipos de periódicos o marcas comerciales no fueron intervenidos por la alcaldía; por alguna razón los letreros de Milenio, Coca-Cola o Esto merecían ser conservados.

La destrucción de estos murales es un verdadero atentado al arte popular de nuestra ciudad. Prueba de que esto preocupa a muchos son las innumerables publicaciones en las redes sociales que celebran los intrincados e innovadores diseños pintados en las placas de los puestos.

Estos posts se han multiplicado en los últimos días como muestra de descontento. Incluso se ha hecho un llamado a crear un archivo de letreros, para rescatarlos aunque sea en la memoria: la Red Chilanga en Defensa del Arte y la Gráfica Popular (RECHIDA) acepta contribuciones en su perfil de Instagram (@re.chida).

Oportunidades perdidas


Sandra Cuevas
no sólo parece tener prioridades muy distintas a las de los habitantes de Cuauhtémoc, sino que ignora la importancia cultural de expresiones que incluso podrían tener potencial turístico. La gráfica popular ha sido objeto de investigaciones académicas y ha sido catalogada en publicaciones y exposiciones; basta con revisar el diseño gráfico de los últimos años o las acciones de artistas contemporáneos que han revisado más de una vez el lenguaje de los rotulistas chilangos.

La decisión de la alcaldía Cuauhtémoc acelera la pérdida de un oficio y arte popular que ya estaba en riesgo, y hace que la imagen de los espacios públicos de la Ciudad de México sea cada vez más árida, menos amigable y, finalmente, menos atractiva para todos (extranjeros o locales). La capital ha perdido ya tradiciones y elementos que conformaban una imagen característica: los castillos de fuego y la quema de Judas en las plazas, los globos decorados a mano o los murales en las pulquerías cuya prohibición lamentó O’Gorman.

La eliminación de los rótulos no sólo insulta a sus autores y despersonaliza los puestos, sino que nos priva del derecho a una ciudad que integra a quienes la usamos y la hacemos funcionar: al rotulista y a quienes disfrutamos de sus composiciones, así como al tortero y a quienes comen su comida. Los letreros son un arte popular que las autoridades deberían proteger y catalogar como una expresión creativa de la Ciudad de México.


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Serch "Janus" Morales
Estoy especializado en marketing digital, tengo experiencia en comercio electrónico, diseño web, liderazgo y desarrollo de equipos, gestión de crisis y consultoría informática. Me gusta dibujar, actualmente estoy creando un cómic, Nersef, desarrollando un videojuego y dirijo un grupo de personas con talento con el que estamos prestando diversos servicios digitales a muchos clientes. Gracias por tomarse el tiempo de ver y seguir mi trabajo.
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