La juventud de Celso Piña: Detrás de su inspiración y estrellato musical

Celso Piña Arvizu Nació A Mediados Del Siglo Pasado En Una Colina De Monterrey. Sus Padres, Isaac Y María, Tuvieron Otros Tres Hijos Y Cinco Hijas.

Celso Piña Arvizu nació a mediados del siglo pasado en una colina de Monterrey. Sus padres, Isaac y María, tuvieron otros tres hijos y cinco hijas.

Fue el primero de una familia de nueve hijos. Varios miembros de su familia tocaban instrumentos musicales. El nombre Celso fue elegido por su abuelo. Durante su infancia y juventud tuvo diferentes trabajos como empleado en una tortillería, pintor, ayudante de taller, instalador de alfombras, entre otros. En esa época escuchaba grupos como The Beatles y The Rolling Stones y música norteña como Los Alegres de Terán y Antonio Tanguma.

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A medida que el número de miembros crecía, la familia Piña trató de trasladarse a lugares más amplios hasta que se instaló en La Campana, una colina invadida por familias humildes, donde el primogénito descubrió un ritmo peculiar en la ciudad que, sin embargo, le entusiasmó y le hizo dejar su destino de obrero para convertirse en un transgresor que impuso una música caribeña en medio de una tierra árida.

Aunque los Beatles eran su grupo favorito, lo que más escuchaba era la música tropical que inundaba las calles de su barrio. Recuerda que al final de una reunión de vecinos en la explanada del cerro, tocaba el sonidero Murillo Hermanos, que tenía en su repertorio a cantantes de moda como Rigo Tovar, Xavier Passos y Mike Laure, pero también a otros artistas colombianos poco conocidos en México que le llamaban la atención.

Especialmente Alfredo Gutiérrez, apodado El monstruo del acordeón, así como Andrés Landero, Aníbal Velázquez y Aniceto Molina. El sótano de la casa donde Celso aprendió a tocar el acordeón era en realidad la madriguera de Satanás, un feroz perro de la familia que hizo una fosa en el patio de la casa, que se convirtió, tras la muerte de la mascota, en un refugio para que los jóvenes Piñas fumaran marihuana y se perdieran en el tiempo.

Allí Celso practicaba con el acordeón de dos hileras que le había regalado su padre. Estuvo tres meses consiguiendo una canción que luego tocó para su padre, que al final, con cara de circunstancias, le dijo que mejor la ensayara otros tres meses. Al final, el joven veinteañero salió del sótano con cinco canciones colombianas más. El ritmo se hizo interesante en ciertos sectores de Monterrey como La Campana, Pueblo Nuevo e Independencia. La Ronda Bogotá tuvo publicidad de boca en boca en las fiestas mientras los Sonideros Murillo y Dueñez presentaban éxitos colombianos.

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A mediados de la década de 1980, en las zonas del Cerro de la Campana y del Cerro de Loma Larga, surgió un movimiento de cumbia callera, una cultura urbana basada en la reunión de jóvenes para escuchar ritmos colombianos como la cumbia y el vallenato popularizados por la realización de bailes de cintas, es decir, bailes públicos con música grabada en casetes y discos de vinilo.

Algunas de estas canciones empezaron a tocarse a un ritmo más lento -tras un accidente en una fiesta- dando lugar a la variante local llamada cumbia rebajada. Esta fusión de ritmos y la estética chicana y chola daría lugar años más tarde a la subcultura urbana cholombiana.

El músico habló con sus padres de dejar su trabajo como auxiliar de limpieza en el Hospital Infantil de Monterrey para dedicarse de lleno a la música, a lo que su madre se opuso.

Al dejar su trabajo fijo entró de lleno en la cumbia colombiana, formando su propio grupo llamado Ronda Bogotá en 1975 con sus hermanos, con él en la voz y el acordeón, su hermano Enrique en el bajo, su hermana Juana en los coros y tocando las tumbas.

Piña marcaría la diferencia al interpretar música original basada en los estándares clásicos de la cumbia y el vallenato. El género no tuvo una acogida inicial positiva en la escena musical de Monterrey, ya que otros ritmos como la música tropical y el norteño eran más populares. Celso y la Ronda Bogotá se empeñaron en interpretar su estilo musical para ofrecer una alternativa local a los ritmos existentes.

En los siguientes discos de la Ronda Bogotá, las compañías discográficas empezaron a destacar a Celso Piña individualmente, publicando los discos como Ronda Bogotá de Celso Piña y finalmente Celso Piña y su Ronda Bogotá. La decisión agradó a sus hermanos, pero disgustaría a algunos otros miembros que pensaron que se estaba apropiando del grupo, aunque a partir de entonces el grupo se mantuvo con el nombre artístico de Celso Piña y su Ronda Bogotá.

Para finales de la década de los noventa, Celso Piña ya era el representante más famoso del movimiento de la cumbia colombiana en Monterrey.

La fama de Piña y la Ronda propició la formación de más grupos de música colombiana, entre ellos los formados por antiguos miembros de la Ronda Bogotá, como La Tropa Colombiana. Estos grupos saturarían la escena de Monterrey y el norte de México y harían que Celso Piña y la Ronda Bogotá se estancaran artísticamente en la segunda mitad de la década de 1990.

Con el advenimiento del movimiento musical llamado Avanzada regia y la popularidad de grupos como Control Machete y El Gran Silencio, así como el surgimiento de más grupos musicales colombianos y el estancamiento de Piña en Monterrey, Piña decidió renovarse y fusionar aún más sus ritmos clásicos de cumbia a través de la relación con grupos más apegados al rock, el ska y el hip hop.

El resultado de esta interacción fue la grabación en 2001 de Barrio Bravo, un disco producido por el miembro de Control Machete, Toy Selectah, a invitación del bajista de El Gran Silencio, Julián Villarreal, que daría forma radical al estilo de fusión de la obra de Celso Piña con influencias del reggae, la música electrónica dubstep y sonidero así como la colaboración de figuras del rock mexicano como Rubén Albarrán de Café Tacvba, Blanquito Man de King Changó, Gabriel Bronsman “El queso” de Resorte, Poncho Figueroa de Santa Sabina y El Gran Silencio así como de la música norteña como Lupe Esparza del Grupo Bronco.

El disco supuso su lanzamiento definitivo a la fama en México y en el panorama musical latinoamericano y de él salieron sus mayores éxitos Cumbia poder, Cumbia sobre el río y Aunque no sea conmigo.

Celso Piña dejó un gran legado musical que traspasó fronteras, influenciando nuevas generaciones y logrando su permanencia en el gusto musical colectivo. Él mostró que no importa de dónde vienes, sino a dónde vas, creer y defender tus sueños e ideales. Un gran músico nacido en La Sultana del Norte, pa’ todo el mundo.

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